Hambre de Cine

Hay un aura “carpantiano” en la definición de los personajes de Fulano y Mengano, que en realidad no se llaman Fulano ni Mengano sino Carlos (Juanjo Menéndez) y Eudosio (Pepe Isbert). Al igual que el personaje creado por Escobar en 1947, tanto Carlos como Eudosio participan de una sociedad voraz y superviviente y, sobretodo, eternamente hambrienta, hasta tal punto que todos los intentos de propiciarse el sustento alimenticio acaban en fracaso, intensificando los términos de su frustración (aquí severamente personalizada en el personaje de Carlos).

Fotograma de Fulano y Mengano

Jesús Franco no adapta al personaje de tebeo de Escobar sino la novela “Proceso personal” de José Suárez Carreño, escritor mexicano autoexiliado en España y de beligerante actividad política. Premiadísimo escritor de la posguerra (incluyendo un Premio Nadal), los últimos años de la década de los cuarenta los pasará, el bueno de Suárez Carreño, en la cárcel, adonde es confinado como consecuencia de su actividad antifranquista (cuya huella se aposenta en sus textos, todos de un indudable calado social). Su voluntad filo-demócrata le hará partícipe del Contubernio de Munich en 1962, ya abandonada su carrera literaria, no así su consideración de impenitente opositor en otras tribunas y medios.

La cárcel, un territorio conocido para Suárez Carreño, se puebla en Fulano y Mengano de rateros de perfil bajo, supervivientes y paletos, entre cuyas filas encontramos a estos dos, que dicen no haber hecho nada y que la sociedad deja a un lado, incluso cuando se saben fuera de presidio. Ambos representan dos maneras de enfrentarse a la realidad de la posguerra bien distintas: uno la encara apelando al optimismo, sin dejar de compadecerse por su falta de suerte, aceptando su situación resignadamente pero sin dejar de pensar en el futuro; el otro, se enfrenta a si mismo con proclamas pesimistas, invocando al rencor o al odio, como gato “panzarriba”, como si, de veras, no hubiera otra opción en el horizonte que dejarse llevar, o dar la espalda al mundo. Entre ambos surge el rostro y la sonrisa de una chica llamada Esperanza (Julita Martínez). Nunca un personaje conoció un nombre tan explícito.

La sociedad, en fin, frustrada encuentra en el esperpento y en la sátira una onerosa vía de escape. Lo hace a través de los tebeos, la literatura y el Cine. Una extraña conjunción de éstas se propone en Fulano y Mengano (1959), una modesta pero ácida comedia sarcástica de Joaquín Luis Romero Marchent. Una cinta profundamente reveladora, ya lo digo. Véanla si pueden; el Cine quiere hacerla justicia.

J. P. Bango - Comité de Selección

11/01/2009 - 00:29

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