Pa(i)sajes góticos en el cine italiano

Cuando el cine de terror se despoja de sus escenarios más recurrentes solo queda lugar para el talento. Es una máxima que suele aplicarse para justificar el porqué Hitchcock logra embriagarnos de horror únicamente mostrándonos un columpio en Los Pájaros. Por eso hay géneros que más allá de su fachada formal apenas si encuentran su identidad sino en la mera acumulación de tópicos y de arquetipos, y de paisajes a los que tanto público como cineasta suelen acudir, una y otra vez, deseando evocar similares intenciones/emociones que en el pasado, haciendo de la experiencia cinéfila un continuo y repetitivo /déjà vu/. No lo he dicho, pero esta es la base que va a definir todo el cine de subgéneros.

Fotograma de La Mascara del Demonio de Mario Brava

El gótico italiano logra trascender su condición de cine-fachada no ya tanto por la dependencia que tiene de sus cultivadores más talentosos sino porque esos mismos profesionales son capaces de dotar a lo formal de una apariencia singular, diríase que seductora, una extraña mezcla de horror y belleza, de exhuberancia y ampulosidad, aunando la falta de pretensiones con el encanto. Un cine que va a buscar, en fin, su identidad colapsando el contexto de elementos escenográficos (candelabros, cortinas, telarañas, tumbas…) no por casualidad intermediarios entre el mundo de lo macabro y lo poético, y que se convierte en gótico, únicamente, al reconocerse parte de una sinergia acaparadora de escenarios, de historias y de personajes más o menos apasionados, cuya gravedad existencial se intensifica por una relación debida al amor, a la muerte, o a ambas cosas a la vez.

Ninguno de los artesanos/artistas que hacen posible el gótico italiano renuncia a juguetear con la puesta en escena embadurnando sus decorados de luces y sombras, y de neblinas que, esparcidas por el horizonte, van a servir para compensar la escasez presupuestaria, amén de dotar al subgénero de un aspecto característico, siempre turbador y perverso. Sus ítems conceptuales, además, van a aprender a nutrirse en base a una serie de postulados dicotómicos (sexo y muerte; amor y pérdida; elegancia y aires funestos…) de apariencia tan contradictoria como preñada de lógica interna en tanto hablamos de un género que basa toda su naturaleza en la dualidad, en la lírica que emanan sus contrastes, incluso en aquellos que se revelan más burdos o groseros. Además es un género abiertamente carnal, repleto de fisicidad y de erotismo (no siempre relacionando estos términos, y no siempre presentados con la misma sutileza), de naturaleza morbosa aun implícita, al menos hasta que algunos productores se empeñan en convertir el término /exploit/ en un adjetivo, y sus argumentos en una indisimulada excusa para profanar el género para los restos. Logra el gótico italiano, sin embargo, sobrevivir a sus excesos para perecer después por falta de medios, distribuidores y talento, dejando en las filmotecas, empero, un sabroso rescoldo de títulos, algunos intensamente fascinantes (La Mascara del Demonio; El extraño vicio de Dr. Hitchcock; Danza Macabra…), otros de relleno a los que vindicar, entre todos conformadores de un legado capaz de transformar la Forma, como concepto, en tejido cinéfilo inolvidable.

J. P. Bango - Comité de Selección

27/11/2008 - 23:53

Eduardo González el día 29/11/2008 - 14:14

Leyendo esto se me hace la boca agua pensando en el ciclo. Como no proyecteis Los vampiros y La mascara del demonio sera para mataros, xDDDDDDDDD.
Saludos,

Edu

Morzongo el día 01/12/2008 - 06:48

Estoy con Edu. Gran ciclo, sobre todo para los que no conocemos este tipo de cine. Qué pena no vivir en Granada.

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