Yo acudiría a ver El Precio de un hombre por estas razones:
a) Por ser el mejor western (y uno de los más reconocidos, incluyendo los premios a la mejor dirección y película del Sindicato Nacional del Espectáculo) rodado en suelo patrio y bajo nacionalidad española.
b) Por comprobar, in situ, las razones del éxito obtenido en el momento de su estreno. Hay que recordar que solo en España, la vieron 1.554.624 espectadores. Pasaría lo mismo en Italia (país coproductor del film).
c) Por resultar una de las películas más representativas del gran Eugenio Martín, además de la más redonda y vibrante.
d) Por haber lanzado al estrellato al gran Tomas Milian (actor que previamente había destacado en películas de Passolini), actor cubano-estadounidense que terminaría por definirse como una de los grandes rostros del género en Europa, precisamente a raíz de su actuación en esta película.
e) Por haber inspirado a cineastas excepcionales como Tarantino, declarado confeso admirador de esta película, conocida en Estados Unidos como “The ugly ones”.
f) Por basarse en la interesante novela “The bounty killer” de Marvin H. Albert, según el propio director comenta en el estupendo libro “Eugenio Martín: un autor para todos los géneros” de Carlos Aguilar y Antia Haas, una de las razones por las que sus epítomes se asocian más al concepto de western que tenían en América que al propio Spaguetti, a pesar de la etiqueta italiana que acompaña a la producción.
g) Por la excepcional música de Stelvio Cipriani. De veras, uno de los mejores scores del subgénero más allá de Morricone.
h) Por una secuencia final embebida de polvo, sangre y aires reparadores. Una de las cimas del género.
i) Por no haber envejecido en absoluto, cuarenta y tres años después de su estreno.
j) Por ser una oportunidad única.
J. P. Bango
28/01/2009 - 15:04Comentarios (1)
Bueno. Ya empezó. En realidad, ya lo había hecho hace un par de días en mitad de un concierto, definitivamente, mítico, cuyo éxito y relevancia ponía fin a tantas semanas de incertidumbre, y cuyos aplausos, para quien sepa escucharlos, suponían un último impulso de veras necesario para refrendar la idoneidad de este formato. Para mí, sin embargo, el verdadero Festival empezó ayer mismo, domingo de lluvia, gris solo cuando mirabas al cielo, con un proyector como los de antes vomitando sombras hacia una pared, claro que sí, mágica, en una sala oscura acompañado únicamente por uno mismo y por ese ruido tan particular, a ratos insolente, que pronuncian los proyectores cuando se saben ajados, parte del pasado, o ambas cosas a la vez, transitando por territorios nostálgicos y solitarios, como uno mismo, cómplices de esta experiencia tan emocionante que es disfrutar del cine en su versión original, en los formatos cinematográficos en los que se concibieron.
Es fácil, en fin, en esta ciudad de márgenes poblados de rincones extraordinariamente bellos, dejarse llevar por la emoción que supone ofrecerle una coartada escrita a este pensamiento que ahora me asola, pero no lo es para el Cine, habitualmente poblado de lugares comunes y de arquetipos, eso que a lo largo de su carrera supo evitar Georges Franju, excusa emocional de este artículo, y cuya película Ojos sin rostro en los formatos antedichos, supuso una de las experiencias cinematográficas más gozosas de la que uno ha tenido por suerte presenciar. No es un asunto trivial, no creáis, en unos tiempos repletos de mediocridades y de productos clónicos, conseguir proyectar una turbación como la que os estoy contando, todavía fascinado por la fuerza de las imágenes de Ojos sin rostro de George Franju (del que hoy se estrena Judex, por cierto), por el poder subyugante, además de metafórico, que amasan sus imágenes.
Todavía más fácil me resulta evocar la secuencia en que la magnífica Edith Scob, psicológicamente liberada, se encamina hacia un bosque preñado de oscuridad y de malos augurios, metáfora evidente de un destino que se revela trágico y que Franju traviste de ropajes poéticos, intensamente hermosos. Un destino, en fin, el que persigue el personaje de Edith, diametralmente opuesto al que persigue el Festival. Donde allí hay un bosque umbrío, aquí surge una ciudad acogedora; donde allí reina la oscuridad; aquí se convierte en luz; donde allí se ponía conclusión a una de los cuentos más intensos que ha dado la cinematografía mundial; aquí sirve para dar por inaugurado el marco, gozoso, que los acogerá para los restos.
Bienvenidos al principio.
J. P. Bango
26/01/2009 - 12:25Comentarios (4)
Fue una calurosa tarde de junio con el cuerpo sin aclimatar al nuevo calor. David estaba desbordado con las entrevistas para Séptimo Vicio e ideando un embrión de programación que contentara a todos los públicos. Desde mi posición, la del espectador implicado, propuse buscar un nombre desinstucionalizado, fácil de recordar para todos y comunicativo, mientras adornaba dossieres e intentaba construir prototipos de la imaginería del festival.
La primera idea fue expresar algo con peso y perdurable, teniendo siempre presente aquel artículo de aquella revista pseudo científica pasatiempoveraniega tras el epígrafe "Las claves del Neuromarketing". El nombre debería contener el término /ka/ o /ak/. Según leía, los ilustrados de la materia afirmaban que los fonemas provocaban sensaciones positivas y felicidad en aquellos que lo escuchan o pronuncian -también en quienes lo visionen-.
Tras varias partidas ganó la apuesta joven: Retroback. Un mensaje contundente que exhala juventud pero con buqué, sinergia entre lo antiguo (del latín) con lo nuevo (anglicismo) para denominar un proyecto nostálgico y repleto de ilusiones que va a estar mucho tiempo de moda.
Así surgió parte del gérmen cosmético de este espectáculo. Pero recuerden, el baile comienza el viernes 24, busquen pareja (granadina, española, italiana, sueca, inglesa, newyorkina, asiática, chic, cool, vanguardista y hasta "rarita"), las hay para todos los gustos, no se arrepentirán.
Ruben Divall
22/01/2009 - 02:41Comentarios (9)
Quizá alguno de vosotros, lectores habituales de periódicos y otras revistas repletas de información cinéfila, os hayáis encontrado una sección embadurnada de estrellas cuya acumulación al lado del título de una película, resuelve la excelencia de una obra artística. En realidad, no es más que un atajo que utiliza la mayoría de los lectores para saber sí a ese crítico, que utiliza no menos de treinta líneas para glosar las características de una película, le ha gustado o no una cinta y, en consecuencia, saber si debes o no recomendarla. Puedes, como es lógico, hacerle más o menos caso en función de tu propio criterio, sin embargo, el poder que ejerce este pictograma de estrellas sobre la mayoría de las personas puede llegar a influir su propio criterio, habiéndolo hecho previamente con su percepción.
Aquí no encontrarán ese atajo porque no hace falta. La media de la casi totalidad de las películas que se exhibirán en la presente edición de RETROBACK sobrepasa el notable. Podéis comprobarlo en Filmaffinity, Allmovie o Imdb, páginas-guía de referencia cuando de buscar información rápida de una película se trata. Es algo lógico, me diréis, en un Festival donde casi todas las películas programadas se repletan de actores y de directores que a su vez han sido (y son) estrellas de un firmamento cinéfilo, de veras, habituado a encumbrar a sus protagonistas a lo más alto, cuando no a mitificarlos, presos de la pasión o la nostalgia.
No será el principal activo de un Festival cuyo siguiente estímulo lo propician algunas visitas ilustres, también estrellas: Dario Argento, Pupi Avati, Francesco Barilli… o la mismísima Caroline Munro, uno de los rostros más (re)conocidos de la filmografía fantástica europea, “chica-Bond” para los restos, mito viviente en formato tangible, compañera de reparto del gran John Philip Law, efectivamente, coleccionista de parteneires (Marisa Mell, Jane Fonda, Mimsy Farmer, Faye Dunaway…) bellas e inmortales. Esa cualidad fabulosa de proyectar un halo resplandeciente a cada paso le corresponde solo a algunos, todos escogidos dentro de un grupo selecto de creadores y de artistas y cuyo trabajo (en el pasado, en el presente) se degusta en ambientes mitómanos, conscientemente exagerados, aprovechando la oportunidad que brinda la retórica (en este caso la metáfora) para modular la importancia de los gustos de cada uno.
En este Festival encontraréis buena muestra de todas las estrellas antedichas y también de ésta que se supone pero de la que nadie habla: alma y esencia de un evento, por cierto, que en las próximas horas consumirá su cuenta atrás inexorable. Porque en un evento como éste la verdadera estrella eres tú. Sí, tú. Yo exhibiría esa luz con pleno orgullo, podéis creerme.
J. P. Bango
21/01/2009 - 13:39Comentarios (2)
Gracias a Mesamadero, como siempre, disfrútenla ;-)
Agradecimientos a Pocketguia - Granada.
09/01/2009 - 22:29Comentarios (1)
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